Nuestro camino vital es como una extraña sinfonía, llenas de continuas improvisaciones, pero con una serie de movimientos predeterminados. Nacemos, crecemos, nos enamoramos, dejamos, nos dejan, y un día, abandonamos todo.
El protagonista de esta genialidad, encuentra su fuga una tarde de senectud, escondida en la nota de un solitario piano. Es entonces cuando el recuerdo, con todo su amargura, le hace volver a todos los lugares donde fue feliz, al bar donde la vio por primera vez, a sus primeros pasos en la gran cuidad; a las largas noches en el club de Jazz, a aquella madrugada de la actuación perfecta, del aplauso sincero. Al final de la guerra. Para terminar perdido entre sus pasos solitarios, confuso terriblemente a solas. Aquel poeta no se equivocaba cuando decía que le hubiera gustado ser piano expresar fielmente sus sentimientos, porque a través de este placentero experimento visual en rojo y marrón, queda claro que las palabras sobran en cuanto fluyen las notas.
Entre las ilustraciones, esterilizadas e impresas sobre un papel de gramaje similar al de los viejos envoltorios del vinilo, parecen esconderse guiños a carteles cinematográfico, como el de Vértigo o de alguna obras clásicas del cine francés.
Además la obra debe disfrutarse aderezada con una mas que recomendable banda sonora, sugerida en la hoja final. Este se compone de una exquisita selección discografía que aglutina diferentes maneras de entender el Jazz y que incluye desde el Solitude de Holiday hasta el Oh lawd, Im on my way de Armstrong & Russ García Orchestra.
Lorenzo Soto
