Perfecto libro para suscitar polémicas, si en el ámbito de la literatura infantil-juvenil la polémica fuera posible.
De todas formas, la discusión se deslizará por las escurridas vías de lo adecuado y no adecuado para niños y jóvenes y debemos recordar que la editorial no cataloga este álbum para ninguna franja de edad específica.
Desde aquí reconocemos no estar cualificados para especificar la edad de uso, y puesto que lo consideraremos un álbum indispensable en cualquier biblioteca, sugerimos le lectura previa antes de su catalogación.
La recomendación de este libro llega, como en tantas ocasiones, desde la más sentimental de nuestras subjetividades. La consciente admiración por el libro surge por el solo ejercicio de su lectura. Por tanto, es posible que el análisis racional del álbum se manipule inconscientemente para dar apoyatura a esa admiración inicial tan subjetiva.
Desde luego, su lectura es obligado desde el momento que vemos la portado, manchurrón de color caput mortem, cabeza de muerto, que decíamos en bellas Artes, allá por los 60. Hasta viniendo de Barbara Fiore resultaba demasiado rompedor. Después, comenzaron los prejuicios: presentación de un personaje estridente, maleducado, agresivo…Seguro que la historia acabaría enseñando a los niños a asumir las diferencias; aparecería un protagonista cuya inocencia le incapacitase para percibir el mal y conseguiría reciclar al Greta-monstruo para un nuevo mundo de color mantequilla. Confieso que me estaba reconociendo en mi propia ira.
Pero al pasar las páginas se hace evidente que la historia no es infantil.
La agresividad de Greta pasa a convertirse en asesinato, su entorno en pesadilla obscena y su objetivo el satanismo. Greta es un cuento dramático, como los clásicos, pero sin hada que ayude a la redención. Es la historia de una consciente y brutal autodestrucción. El texto es unidireccional, sin pausas para descripciones, sin razonamientos; rápido, insistente y obsesivo. La imagen se va enturbiando hasta fundirse con el cuadro de P. Brueghel.
Al cerrar el libro se vuelve a respirar.
Alberto Urdiales Valiente
