Si se escucha un susurro piel adentro, posiblemente sean las palabras de este álbum que navegan por los recuerdos. El árbol rojo es una fotografía de la tristeza humana pero, también, de la predisposición para encontrar la esperanza. La cadencia y la economía del lenguaje configuran y potencian el tono melancólico del autor, que interpela a los lectores a los lectores desde la intimidad.
Las ilustraciones, en un juego de perspectivas y dimensiones, completan la identidad de la narración y la cargan de simbolismo. Quizás, porque la perspectiva fantástica y las dimensiones desproporcionadas de las imágenes acentúan los rasgos reales del relato para llenarlo de vida.
Carolina Lesa
