Las imágenes de este libro son el punto de encuentro de dos líneas textuales paralelas (diferenciadas también tipográficamente), que permiten al lector contrastar el parte meteorológico con los acontecimientos y estado de ánimo de los protagonistas de la historia y de la cuidad en la que viven.
La ilustración es menos intensa y probablemente más impresionista que la que aparece en El sonido de los colores, del mismo autor. Sin embargo cierta estructura geométrica se mantiene latente no tanto detrás de la composición de las páginas, cuanto en las bases mismas de la historia: dos personas, destinadas a no encontrarse nunca, un día coinciden porque sus rectas convergen para cerrar el circulo, el único lugar donde los opuestos de derecha e izquierda pueden llegar a encontrarse. Sin embargo, exactamente como dos rectas que se tocan en un punto y en uno solo, a partir de este momento los protagonistas de la historia, sin llegar a ser nunca conscientes de esta paradoja de tintes matemáticos, por muy cerca que lleguen a estar, no volverán a encontrarse.
Una historia melancólica que en su aparente inmediatez permite al lector adentrase en los recovecos de una narrativa meticulosamente articulada, empapada de agilidad mental y capacidad asociativa, una historia que bien vale un chapuzón.
Arianna Squilloni
