La Creación

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Bart Moeyaert

Wolf Erlbruch


La Creacion

Mayo 2006 / Cartoné / 25 x 30 / 32 páginas / 15 € COMPRAR

Sinopsis

«Al principio no había nada. Cuesta mucho imaginar una cosa así. Todo lo que ahora existe, ha de dejar de existir. Prueba a apagar la luz, e incluso tú mismo has de desaparecer, y luego también debes olvidar la oscuridad, porque al principio no había nada, tampoco la oscuridad. Si quieres ver el principio de las cosas, debes hacer desaparecer muchas cosas. Incluso a tu madre.»
El autor neerlandés Bart Moeyaert escribe una adaptación personal y poética de La Creación. Un hombre pequeño acompaña a Dios durante una semana, la semana de la creación del mundo, al principio de todas las cosas, cuando todavía no existía nada. Un texto original, nutrido de sutilidad y humor, y acompañado de las ilustraciones estilizadas de Wolf Erlbruch.

La Creacion

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Exitexpress

Del 13 al 16 de este mes se celebra en Bolonia la Feria del Libro Iinfantil, en la que España es en esta ocasión el país invitado, y donde unos desdichados criterios ministeriales respecto a la selección se han acabado traduciendo en que los visitantes a este encuentro no verán exactamente a los mejores de nuestros ilustradores, aunque alguno ha quedado en la criba, sino a un plantel en el que nuestras editoriales tienen depositadas actualmente sus esperanzas comerciales.

Pero allí, en Bolonia, ahora hace un año, se premiaba en el apartado Ficción 2004 como el mejor libro a La gran pregunta de Wolf Erlbruch, seguramente uno de los pocos auténticamente grandes de la ilustración que hoy existen en el mundo, y del que quisiera comentarles algunas cosas

Erlbruch nació en Wuppertat en 1948, y lo único que le quedó de su paso infantil por las escuelas fue un odio hacia las mismas, hasta que, a punto de entrar en la veintena, se encontró con el dibujo en la Folkwanscbule filr Gestaltung de Essen-Werden. A la salida de aquel centro volcaría sus esfuerzos en el diseño y en la ilustración, en la última de las cuales fue haciendo un recorrido por Play Boy, Esquire o Stern. Hasta que la casualidad le puso en contacto con la literatura infantil en 1985, fecha en la que le encargaron ilustrar la obra del ghanés James Aggrey El águila que no quería volar.

Y fue, a partir de ese instante, en que, paulatinamente, y con una audacia creciente, fue encontrando su voz y su línea en este ámbito hasta llegar a ser uno de los dos o tres auténticamente grandes.

¿Qué es lo que le ha hecho singular? por un lado, su altísima capacidad como dibujante vinculado a la mejor tradición (el noruego Olaf Gulbransson, a la cabeza), destreza que parece últimamente arrinconada por la creciente moda de que los libros ilustrados deben regirse mas por las tendencias que por la generosidad de habilidades. Pueden ver, al respecto, dentro de su pobre representación en el mercado español, títulos como El topo que quería saber quién había hecho aquello en su cabeza en Alfaguara, Los cinco horribles en Juventud, El milagro del oso en lóguez, o El taller de las mariposas en Barbara Fiore Editora, que les confirmaran que hacia tiempo que no veían dibujar con esa sabiduría.

Por otro lado, cuando ha decidido ser el autor de sus textos ha demostrado la coherencia con una brillante línea ideológica en la que el conocimiento nace siempre de la duda continua: el oso que sabe cómo hablar y comer, pero pregunta a todo el mundo acerca de su comportamiento para ser padre, u, otro ejemplo, el conjunto de personajes -un piloto, un niño, la muerte, un boxeador…- que, en la obra galardonada en bolonia, se interrogan sobre su papel en la tierra, todo lo cual está tan ingeniosamente expuesto que es una de esas pocas ocasiones en las que los libros hacen de intermediarios para que los adultos sepamos más de los niños y ellos más de nosotros (cuán brillante es esa por la noche, en sm, en la que pedro recorre la ciudad de la mano de un padre somnoliento incapaz de ver todas las maravillas que hay en la oscuridad).

Pero el gran, el grandísimo Erlbruch, hoy catedrático de dibujo en la universidad de su ciudad natal, es el que apoya su visión del mundo con apelaciones gráficas a la memoria individual y colectiva: fondos de papeles cuadriculados de los viejos cuadernos, mapas, sellos de goma, imágenes de antiguas enciclopedias ilustradas, paneles de estampados caseros que, en collage con sus poderosos dibujos, sirven para recordar que los grandes sentimientos tienen también su propia topografía. Y en este punto nos toca esperar a que las editoriales españolas se animen con Die grobe frage, Das hexen-enma-eins (sobre texto de Goethe), Zehn grüne heringe…, o Neues abc-buch de Karl Philipp Moritz, el último de los cuales Barbara Fiore Editora publicara dentro de unos meses.

Felipe Cava

La Creacion

El Cultural

En una línea totalmente diferente, nos encontramos con que comienzan a ser traducidos en España una serie de libros, en su mayoría alemanes, que “rescatan” textos filosóficos o poéticos de pensadores consagrados. Con un planteamiento visual experimental y riguroso, propician novedosas interpretaciones y acercan este legado a los lectores de un modo inteligente. Barbara Fiore ha venido editando los libros que Wolf Erlbruch ha realizado en esta dirección. En La Creación nos encontramos con una puesta en escena irreverente y estimulante del oratorio de Haydn, inspirada en una producción de Bart Moeyaert junto al Nederlands Blazers Ensemble.

Gustavo Puerta Leisse

La Creacion

Revista Peonza
Octubre 2006

Este álbum tiene su origen en una colaboración de su autor con la “Neederlands Blazers Ensemble” para la producción teatral musical de La creación de Haydn, así que su lectura puede ser, también, un buen pretexto para escuchar esa hermosa composición. En esta publicación los elementos musicales y escenográficos han sido sustituidos por las ilustraciones de Wolf Erlbruch.

Se trata de una obra original por el tema que trata y por la manera de hacerlo. A pesar de la importancia de las cosmologías en la historia de la humanidad y de la necesidad del niño de encontrar una explicación al origen del mundo en el que vive, no es un tema frecuente en la literatura infantil. Se puede tratar de manera cientifíca, el camino más apropriado es el área de ciencias narurales, o manera mítica, como en el libro que comentamos.

Lo original de esta propuesta es el tono desenfadado, con toques de humor, que adopta Bart Moeyaert y la incitación al lector para imaginar la nada y el proceso creativo posterior. Dios se siente satisfecho de su creación pero, al final, parece tener alguna duda sobre el ser humano.

Las ilustraciones, de trazo sencillo, describen a un Dios bondadoso y a un hombre diminuto, sorprendido y un poco acomplejado. La técnica del collage se complementa con el empleo de la acuarela y el predominio de los espacios en blanco.

Revista Babar

Nos encontramos ante un libro álbum de edición muy cuidada. Imaginemos que estamos en el primer día de la Creación: lo primero que se hizo fue la luz. Este libro es una confabulación de claro-oscuros. Las ilustraciones de Wolf Erlbruch iluminan/aclaran el oscuro texto de Bart Moyaert. Lo único que molesta, a mi parecer, son ciertos adornos en la tipografía, repartidos aleatoriamente a lo largo del texto. Pero nos falta el original para comprobar si no nos estamos equivocando para hacer esta valoración. Aunque desde hace algunos años se viene experimentando con la tipografía, rara es la ocasión en que el resultado es completamente satisfactorio. ¿Por qué? Porque queda reducido a un mero adorno carente de significado para el lector, no se trata de una llave que nos facilitara algún tipo de incursión más profunda en las entrañas del libro.

Este libro álbum es realmente un delicioso ejercicio de imaginación. Es un doble reto: por un lado, sólo cuando consigas hacer desaparecer muchas cosas, incluso a tu propia madre, lograrás imaginarte cómo es la nada, y por otro, después de este esfuerzo, volver a ubicar en esa nada a Dios, al protagonista y encima, por ejemplo, una silla, para esperar más cómodamente a que ocurra algo. Porque sin los personajes, las cosas: ¿de qué se podría hablar? ¿Qué se puede expresar sin conceptos, sin palabras? La nada al mismo tiempo es algo muy simple, pero terriblemente complicado. Hagamos un esfuerzo, intentemos imaginarnos la presencia de una nada voraz y al mismo tiempo plana, la que todo engulle y nada contiene. Comprobaremos que nuestra imaginación merma con los años. Quiero creer, estoy prácticamente segura, de que aunque esté en juego la propia madre (refencia esencial durante muchos años), se trata de un ejercicio mucho más fácil para los niños: «Si quieres ver el principio de las cosas, debes hacer desaparecer muchas cosas. Incluso a tu madre».

Un discurso inteligente, poético, nada superfluo ni facilón (aunque complicado, oscuro y críptico para niños) y desde una perspectiva muy actual contrasta con las imágenes sencillas, luminosas, de trazo etéreo que se concretan cuando van apareciendo los objetos tangibles de las manos de Dios. Sencillas, sí, pero magistrales; Wolf Erlbruch se atreve con inmensas páginas blancas en las que sitúa sus ilustraciones mínimamente coloreadas. Naturalmente esta situación va cambiando según la nada desaparece bajo el mundo material, pero aún así, el blanco es el telón de fondo de su imaginario.

Sus ilustraciones de trazo muy simple son tremendamente expresivas. Uno no deja de asombrarse cuando vuelve a constatar lo expresivo que puede ser un simple trazo, el significado que puede tener una línea… Fruto de esta expresividad son unos personajes terriblemente simpáticos: justo en la frontera genial del cliché, en el mejor de los sentidos, y la firma del autor. No nos extraña su apariencia y, al mismo tiempo, son ilustraciones vivas, con carisma, frescura y originalidad.
El texto de Bart Moyaert es otra delicia que te deja volando en un extraño lugar en el que confluye lo sabido, lo que ya hemos leído con anterioridad y una nueva perspectiva, la de un ser humano actual e inconformista, un hombre desnudo y con sombrero. Su misión: la Creación como espectáculo precisa de un público, un espectador. Un hombre consciente de su pequeñez en el universo y que, aún así, se enfada por ser un mero espectador, orgullo herido al ver hay alguien más poderoso que él. Nuestro Dios es parco en palabras, es un obrante, operante, la acción más allá del pensamiento. Es humano en su cansancio al séptimo día, cae rendido, se queda dormido como un bebé. Es divino en su capacidad de disfrutar de su obra. Es simple y prepotente al mismo tiempo.

Lo que más nos extraña de esta visión moderna de la Creación es el desenlace. ¿Pero podíamos esperar otro? ¿En el título no leemos claramente dos palabras: La Creación? El desencanto y el disgusto de nuestro hombrecito con bombín desaparecen cuando recibe a su compañera, al otro igual a su naturaleza que necesita para poder disfrutar de la Creación, una mujer con la que poder compartir y así matar la propia soledad. ¿Machista? Simplemente la esencia cultural de lo que es la Creación, pero nos choca mucho más después de haber volado en significados más libres. De hecho, la mujer que surge es de un rojo tierra, el color más fuerte de todo el álbum.

Un álbum interesante. Nos abre signos de interrogación, nos deleita… ¿Como único álbum en nuestra estantería? No lo creo, le falta una vuelta de tuerca para ser uno de esos álbumes más representativos y esplendorosos. Y al niño tendremos que guiarle entre las palabras, con las imágenes no será necesario…

Moka Seco Reeg