En el libro no hay respuestas claras a estas preguntas que siguen abiertas, que pueden ser leídas como una critica a la economía racionalista, o la transición entre niñez, adolescencia y madurez, sobre el valor de lo fantástico, de nuestras obsesiones con la burocracia, sobre la alienación, el altruismo, la claustrofobia, la inhabilidad, la entropía y la posibilidad de alegría en lugares donde se ha extinguido. Otra clase de literatura visual está representada por la presencia negativa de la cosa perdida dentro de este sistema hermetico, esta cosa se resiste a la clasificación o al reconocimiento pasivo, hasta el punto en que se mueve por la cuidad inadvertidamente, incapaz de ser leída por aquellos que tienen cosas más importantes que hacer.
O en la contrapartida al aparente aspecto “Terminal” del Departamento de Cosas Inútiles del bizarro lugar de monstruos felices vislumbrado a través del vano de un escondido y oscuro portal de una callejuela anónima.

la cosa perdida
BARBARA FIORE
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