La vida de Odaer se volvió muy solitaria. Se paseaba solo por los
bosques y las montañas.– Las cosas bellas son frágiles – le
decía el Viento – Mira como yo dejo sin flores los arbustos con
sólo inflar mis mejillas y soplar.– Y mírame a mí – dijo
el Volcán – Con sólo que me dé un resfrío y
se me ocurra estornudar, mis cenizas destruyen todo lo que tocan.– Pero
las flores vuelven a crecer – decía Odaer – Y la hierba vuelve
a nacer. Lo que a mí me gusta de la belleza es que nunca se da por vencida.– ¿Pero? ¿cuál
es el sentido de una flor? – preguntó una Roca negra y áspera – Se
marchita muy pronto y muere.– Se hace fruto – respondió Odaer – Pero
además es bella. Lo bello no se puede explicar, se siente.– La belleza
es como cuando yo aparezco en el cielo e ilumino todo lo que toco – dijo
el Rayo.– Pero tú das miedo – dijo la Serpiente.– Mira
quién habla – respondió el Rayo.– Yo quiero algo que
dé felicidad – dijo Odaer y se fue caminando al lado de un arroyuelo.
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