El Taller de los Insectos tenía mala reputación entre los Diseñadores
de Todas las Cosas. Lo consideraban de poca importancia porque los insectos eran
pequeños y sólo se encargaban de limpiar las florestas de hojas
secas y desperdicios. Además, producían picaduras y molestias a
los animales grandes y sus larvas se comían las hojas de los árboles.
Los Diseñadores
de Insectos eran tímidos, usaban gruesos espejuelos y se mezclaban poco
con los demás. Su mayor orgullo era el de haber creado las arañas
de cuyas telas resistentes y prodigiosas estaban muy satisfechos.
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