Odaer
era muy ingenioso y siempre estaba armando cosas con las manos. El y un grupo
de sus amigos se reunían a escondidas en una cueva en medio de la floresta
y hablaban y discutían sobre todo lo que se podría crear si los
Diseñadores de Todas las Cosas tuvieran un espíritu menos rígido
y fueran más atrevidos. – Un árbol que cantara como pájaro
o un ave que en vez de huevos pusiera frutas –decía Odaer a sus
amigos.
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